HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy voy a llevar un cuaderno al río.... quiero llegar a otros lugares del abstracto. Necesito romper ese caparazón de la atmósfera amotinada por la inercia del suelo y de lo adquirido en esa realidad ordinaria.  Tal vez probar versos-mancha, onomatopeyas con pelos de gato y branquia de sardina. No va a venir solo. Es necesario echar afuera el baile. Es necesario tentar lo extraordinario, sin hacer dogma ni ancla en el control, pero sin llenarse de ceniza y de merchería de creencias-baratija y metal oxidado. Es necesario saber-corazón y sueños de nube. Empírico del cielo en llamas, del no hacer pie, del desarticularse a la gota de lluvia.  El movimiento de la profundidad, necesita un cambio en el gesto, en el tratado del significado con el olvido, pero sobretodo con lo insignificante.  Para que la transformación se haga más íntegra y sólida, debe ser radical y probarse en el terreno de lo desconocido, con los mecanismos que nunca se habían usado.  Si yo hago una rutina en lo inefable, llegará un momento en que se detendrá el descubrimiento y volverá a encadenarse a una estabilidad en la comprensión, eso cerrará el camino, castrará la comprensión. Caminar, es jugar.   Es ir donde no había ido. Es darle vuelta al disfraz. Es entrar por el tejado.  Ahora al menos sé dónde debo ir, a lo Imposible. Antes iba a la deriva. La deriva me arrancó la necesidad del verbo y rompió en mil cachos la pertenencia. Fue buena. Pero ahora hay un horizonte, un lugar al que llevar el corazón y el grito, y ese lugar es lo extraordinario. Es lo que dijo en surruros la datura cuando caían cráneos de la noche.

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