HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hubo muchos naufragios que fueron a parar a los coleccionistas de tormentas entre juegos de cartón y ceniza. Me desangré en cada uno de ellos, perdí diez futuros, en cada réquiem... abrazada a cadáveres de ketamina ciabogando los hoyos donde tu pupila era una bala de luz invicta y torturada en las flores. Cada pérdida, nos llevó más desnudas a la esencia, y era sólo fuego, sólo amor despertenecido, ingrávido, carente. Cada disparo que atravesó el espejo y el corazón, rompió quimeras y falsos enunciados sobre el Infinito. No fue inútil el dolor, ni el andrajo y los mendrugos calando el interior de la lluvia, silbando la tramontana hacia ninguna parte.
Nos vamos quedando solos. Y la luna brilla más intensa. Y la mar ruge animal el apasionamiento de los que no tuvieron nada. No fuimos hijas de la ternura, no vinieron los reyes magos, no dijeron nada las estrellas fugaces, no dieron besos a nuestros sapos, ni cuchillos a nuestras funambulistas. Lo que tuvimos, lo tomamos por nuestra cuenta del callejón y del cementerio. Y ahora ya no hacemos vasectomías para que se cumplan los planes de los duendes. Vamos con lo imprevisible y con lo vagabundo y pedimos lo mismo a las palabras que lo que piden las hierbas. El fracaso nunca fue fracaso porque llegó con el punk y con la noche. Y fuimos Peter Pan entre sus muertos. El mismo machete de la nada y del Infinito... ciabogando la luz oceánica.  Nos levantó lo que nos tiró al suelo. Porque perseguimos a dios mejor en el fango que en las orillas. Porque fuimos caníbales con nuestro verbo. Porque apretamos el gatillo. Porque alguna vez, era la muerte la que iba delante y nosotras sólo su sombra y un roido lapicero dejando sus señas a los pocos pájaros que pasaban por allí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario