HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

la herida

He estado tocando el tambor para mover de sitio esa herida, y tratar de comprenderla, de llevarla al amor de las hierbas y del horizonte. Y por un instante me sentí al lado de los pájaros. Tal vez he vivido muy pegada a ella, todos estos años. Ella bombeaba poemas, y en su alcohol reía o se iba con los noctambularios. Ella estaba llena de rencores y de puñaladas. De soledades de cristal en llagas de barcos sobre la deriva. Y la afectación de su sepultura y melancolía, de la cicatriz en la carne, atestiguando rotos pentagramas entre los pozos y el viento. O qué sé yo. Demasiadas veces, demasiado lejos. Tal vez todo lo que ocurrió en mi vida, fue proyectado a abrir más esa herida. Porque era ella la que necesitaba para moverme y comprender. Para girar 180º en el motín de estrella y hallar esa otra vuelta de campana de la percepción.  Esa herida está en mí desde siempre. Estuvo cuando perdí a personas amadas, cuando me sentí en esa prisión vestida con mis charcos de sangre y los insectos no dejaban de clavar sus fractálicas pupilas en el mármol de las mías. Y lo casual que la abre, los desmayos y desvelos de la hechura, nunca fueron la verdadera semántica, fueron monstruos que venían a comer para poner esa herida en el plato y tentar mis tenedores y mi valor o mi suicidio. Y el desamparo, la marginación, el frío, los golpes... eran el papel de esa herida, esperando mi voz y los ojos. Hoy comprendo que es ella la conexión. Desconozco si es el lugar principal, la raíz. No creo que haya ese tipo de jerarquías en lo existente, y mucho menos, cuando somos ceniza evocando a la mar en medio del vacío. Pero en mi cuerpo y en mi espíritu, creo que ella es una poderosa llave. Tiene una masa etérea y volcánica.. que ha ido coleccionando muertos y puñales... en mi espantada sombra. No sé si ya la tenía y me hacía daño en el vientre de mi madre. Pero era ella la que me guiaba secretamente. Era el dolor... y no el cielo.  Era ese resistencia, de mi cuerpo y de mi condición humana para volver al Imposible. Era el aullido que quería que mi hueso comprendiera.  Era lo que necesito... para volar.. una vez que la magia puede beber de sus pozos... cada gota de desolación y convertirla en pájaros. 
Para mí esto ha sido una rebelación. Porque ya no veo en esa herida, la materia de los hechos y su semántica, haciendo pedazos mi corazón. Ya no importan las vivencias que me acuchillaron. Porque es la Herida.. la que estaba aprendiendo a cantar.  A cada cuál se le abre de una manera. Y la lleva en su regazo, como un hijo monstruoso muerto.... y le canta a veces nanas, y a veces quiere cortarle en pedacitos y dárselos a los cuervos. Y huye, se pasa la vida, esquivando esa herida.. convirtiéndola en otra cosa, meciéndola en un olvido. Pero la herida permanece. Porque la necesitamos tanto como al aire, para saber quién coño somos.

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