HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La muerte siempre es la gran aventura. Nada tan triste y aburrido, lo será cuando ella quiera bailar. A éstas alturas de la manzana enterrada en el centro de la tierra, lo que queda por vivir, va haciendo ojos de buey para que la Nada tome el piano y el quemar de los pájaros en la aurora que no pude acariciar en tu piel.  Nuestra historia, no fue la del poder, ni de la iluminación. Fue la del despojo, en un entierro vikingo rompiendo metales.  Fue aquí abajo, muy cerca de las ratas y de las hogueras tatuadas en tormentas y piedras. Fue, donde nadie gana nada, ni tiene nada, ni llega a ninguna conclusión trascendental ni abre el umbral, ni llega al cielo. Fue junto a todos los avasallados que no tienen ni una tumba. Fue junto a los corderos que degüellan en los mataderos y luego venden en bandejas plastificadas que compran con sucias monedas las manos blancas y con anillos. No fuimos el final feliz de ningún final. Ni lunas de miel, ni la foto delante del lago. Ni cuánto me alegro de que hayas venido. Ni quédate a mi lado y ámame.  Fuimos flor del cactus besando buitres cuando se levanta la calima. Fuimos el poema hecho cenizas acariciando las venas del suicida que borrarán con la sangre abierta todo nuestro pensamiento.

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