HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La noche. Tengo un poco de sueño. Y a la vez una sensación de paz vieja, de ríos de hachís, de hechizo antíquisimo de rostros de café, y los lobos sobornan mis heridas, en el barro oí lo que no me quisiste contar. Nos absolví por el capricho de los murciélagos. Ahí afuera siempre lloverá mucho más de lo que pueda secar tu cuchillo y tu mármol.  No debo perder la cabeza, al menos no hacerlo sino tengo una serpiente para cruzar la mar.

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