HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La poesía no sé bien dónde está ahora. Estoy experimentando muchas transformaciones interiores. Mi poesía.. nacía del apego de un sentimiento, de una herida y un blues roto, un muerto amamantándome las flores homicidas y sueños de la isla Ahora no siento del todo aquél yo. Y la poesía me está esperando. Ella viene conmigo. Ella se va conmigo.
He tenido también su síndrome, el pavor de separarme de sus noctambularios. Pero he de vivir en mi instante. La poesía siempre vino poderosamente pegada a mi instante... No puedo darle a la poesía, su propio pasado y sus orgasmos de entonces. Porque sino la engañaría y se haría débil y falsa. 
Ahora estoy aquí... entre los álamos y las ciudades destruidas. La herida y noche despellejada provoca la poesía. La separación, la saña, obliga a la poesía. El dolor y la necesidad de cruzar los puentes.
Yo no soy poeta. Soy errante. La escritura es el idioma de ese lugar etéreo que mezcla la tierra y sus brechas con el allá, el allá, es el inframundo y el paraiso. Ella me provoca un enfoque que me acerca a lo cuántico, a la paradoja y a la metáfora y eso me ayuda a ver.  Pero la escritura no se debe a nada. No es por la belleza.  No es por el fruto. Sólo es por el camino. Y el camino tal vez no lleve a ninguna parte.

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