HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La poesía sigue siendo un catalizador... para mover lo etéreo y lo pinchudo y alcohólico de un cuerpo sujetando la tempestad con un arpa de fantasmas. Es difuso todo lo que miro y aprehendo en una goma de borrar hecha de arena. Es muy rara mi idea de ser yo, o una piedra o el olvido. Ladran los perros, bailan las sartenes con el mango entre los ojos de los rinocerontes y tus desaparecidos desatos en el LSD de un golpe seco de sequía, sobre el laurel. Y cuando ya es tarde, y nos tenemos sólo por el dedo gordo y un grito de tiza, y golpeamos tu fracaso y el mío, en el agujero negro de las nubes robándole a los peces la lluvía torturada de tu mesita. Y miramos por la ventana y salimos disparados a un papel vacío que se pareció a lo que sintió tu mano aquella tarde en la que un niño te llevó una cereza y tus lágrimas no soportaban el mármol de tus ojos desvirgados en el grito de los míos, sobre esos pasillos que atravesamos borrachos para ver si empezaba a arder el madero y caían los frutos donde la letra recogiera al menos la ruina y tomáramos rumbo a un lugar donde nunca sangramos.

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