HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llego ahora a casa. He estado con el perro debajo de los chopos. He hablado con un amigo que atravesó la realidad ordinaria. Y he hallado cierto latido... y vehemencia. Algo más palpable entre lo lejano. Pienso en la mezcla de los dos mundos. No se puede vivir del todo en el de allá, no se puede destruir éste con los frutos mágicos y prohibidos del de allá.  Porque eso, nos lleva a la cárcel del manicomio y al exilio. Yo ya estuve en el exilio. Ahora no hay muro. No estoy del todo en el de allá, ni estoy en el de acá, estoy más bien en el "no". Esto seguramente es una posición buera para atravesar el frente. Mi imaginación no me da trampas de doctrinas de la fantasía y lo esotérico. Y tampoco el suelo me hace vieja y terráquea. 
Si se entra del todo en el allá, sin ancla en la naturaleza y en el silencio. Nos volvemos nitroglicerina imprevisible, bala onírica hacia el fuego y perdición. Arrebato de locura en la destrucción de la realidad ordinaria. Ese fue mi  error. Era gaseosa. O tal vez era necesario que lo fuera, en las primeras transformaciones. 
Hay que pisar los dos mundos, con la huella en el humus del vacío y del fervor de la vida. Entre lo vivo y lo muerto. En rizomas de conciencia y tacto. 
No hay que darle demasiado a lo terráqueo, pero tampoco dárselo todo al éter.
Hay que ir con disfraz.. entre los humanos que sólo conocen y viven la realidad ordinaria. 
Ya fui en algún momento el exibicionismo y la discordia. La enmendendora de entuertos de tuertos. Ahora estoy en otro lugar. Mi interés ya no es la venganza, ni la justicia, ni hacerme notar.... Es volar. Es Ver. Es Ser. Es fundirme en lo orgiástico de lo existente. Ya sea desde la nada o desde el todo. 
Hay que ser relajados como vacas pastando amapolas. Y que ladren los perros.
Hay que ser impostores a la risa del pis de Diógenes. Hay que ser descreidos y profanos. Que no nos distingan de sus desgraciados vecinos. Que crean que llevamos los mismos plásticos que ellos a las tumbas.
Todo ha de parecer una broma. Algo vulgar e innecesario. Inofensivo. Como una cabra con una pipa de fumar. Todo un juego. 
Toda la cuántica del universo... vive en el éter de la conciencia.  La matería no es fija. El viaje, puede hacerse desde cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Hay una puerta. La puerta vive en el arrebato interior. No está en el espacio. Para acceder primero hay que matarse.  Hay que quitar el velo a la realidad adquirida. Hay que hacer un exorcismo contra la familia y la sociedad y todo lo que nos dijeron. Hay que salir volando por los aires. Hay que atreverse a follar con el demonio. Hay que desincrustrar la antropología pesada y vetusta del cristianismo y de nuestros antepasados todos crucificados y presos. Hay que osar la LOCURA. Y perder la cabeza, los pies y todos los futuros. Hay que ir a buscar el espanto para ser acuchillados por él. Hay que enterrarse y echarnos piedras encima. Vivir en la muerte. Vivir en el fondo del fango. Hasta levantarse como una enana blanca. 
Yo viví eso. Viví condenada muchos años, a mi voz ahogada y presa, entre las voces de la gente que me rodeada. Viví escuchando a los que jamás escucharon, llamarme enferma. Y fui una enferma hasta el extremo. Mi verdad... los motivos de mi espíritu, mi animal interior, vivió siempre condenado entre la mayor parte de los humanos. Yo no abandoné su voz. No traicioné su mundo. Aunque dejé de ser una enferma para ellos, porque me disfracé. Porque habité mi poesía, mi soledad, mis territorios. 
Ahora vuelvo a escucharlo. Pero soy más fuerte. Sé que hay un camino del espíritu... que es una especie de sueño, una especie de poesía viva, donde se mezcla la fantasía con el primer fuego del mundo. Para no ser destruida por la vehemencia del allá, no debo tomarme nada muy en serio. Porque si me tomo algo muy en serio, es que no estoy fluyendo con el cosmos, sino con los presidios de mi ego y de mi pobreza, de mi miedo y de mi rencor o violencia, de mi ansia de poder o de mi tristeza y debilidad..... Y eso, provocaría el delirio. Y el delirio sería una paradójica cura. Y juegos macabros y hermosos de metamorfosis y jaula e intemperie. Estuve allí.
Ahora todo es más musical y derretido. 
Necesito abrir los dos mundos sin generar la quimera de un falso soliloquio entre ellos. Pero nunca son dos, la cuántica utilizá, un tercero, como avalancha del rizoma.

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