HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llego ahora a casa. He ido a aquél pinar... hace tal vez 13 años que no iba. Y sentí ganas de llorar.. habían talado casi todos los pinos...  yo recordaba un bosque denso, con un horizonte que parecía infinito, con la sensación de poder perderse y jamás regresar. Recordaba un lugar mágico con un suelo que recogía esas hojas de pino y hacia una mata que parecían colchones de viento. Helechos. Humedad y mucha vida. Hoy en cambio.. había caminos que harían las máquinas que destruyeron el bosque y muchas ramas y troncos caidos, muertos,  ya no me sentí dentro del bosque, porque habían destruido su horizonte y su espíritu. Aunque estuve mucho rato por allá. Me tumbé y sentí algo extraordinario al ver los pinos que aún quedaban y el cielo desde esa perspectiva de cigarra panza arriba.... un águila me hipnotizó, volaba en círculos sobre mí....alta...... sentí algo que alguna vez sentí en mi adolescencia y en algunos momentos en los que estaba enamorada. Esa sensación del verano, cuando se iba a tomar por el culo la escuela y sólo nos dedicábamos a comer juncos y a saltar sobre estrellas.  Me quedé allá mucho rato no haciendo absolutamente nada más que vivir. Sin pensar en nada, sin tener nada, sin ir a ningún lugar, sin ser nadie. Y creí entender aquello que dijo Don Juan Matus... de que el único sentido de la existencia era la conciencia de existir y que el Águila se alimentaba de las conciencias y un día nos succionaría y nos tragaría. Al principio sentí un poco de pena. Pero luego pensé que a los árboles también les pasaba eso y yo estaba en un cementerio de árboles. Pensé que en el fondo mi vida no tenía ninguna importancia. Y que jamás ninguna trascendencia salvaría una historia. Que lo que sea que tenga el universo, es rizomático...incendiario. Y luego dejé de pensar en todo, no me importó. Jugué a ratos con el perro. Hice algunas grabaciones y fotografías. Me llené de barro. Con los caminos que hicieron esas horribles máquinas.. había fango.. era casi como arenas movedizas, al tirar fuerte te succionaba hacia dentro y eso me divertió y estuve saltando en el barro como los niños y haciendo un pozo fanganoso. Y cuando el perro me vio vino allí a escarbar también en el barro.  Luego salí por el otro lado de la montaña... y estaba cercada.. me dio mucho asco toda ese gente que cerca los montes y sus propiedades supuestamente privadas robadas a la tierra y a la humanidad y a los animales.. Además tenía pinchos de metal.. y tuve miedo de que el perro se lastimara. Yo pasé como una serpiente.  Y abajo había otra vaya.. y era más complicada porque no había casi separación entre los metales... y estuve a punto de romperla a patadas.. pero luego encontré una salida por una esquina pegada a un muro. Y salimos por allí el perro y yo.  Y nos metimos en el valle del río.... El perro estaba muy contento corría a toda velocidad en círculos a mi alrededor y de sopetón me embestía y yo lo tiraba al suelo. Luego nos tiramos otro rato a la hierba hasta que anocheció. Cuando se fue el sol... empezó a hacer frío. Cada vez entiendo menos el sentido de casi todo, en el nivel funcional y metafísico. Y a la vez me siento mucho más leve y plena. Feliz. Como cuando era niña y todo era una aventura del Instante, el canto, la belleza o el horror, pero era un espanto mágico, lleno de corazón.

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