HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La noche aloja.. ese crisantemo cenizo en tus mariposas que aflojan la carretera cuando el fuego cierra el camino a casa.
El pentagrama del silencio te revive sumergido en el cieno... con algas en tus labios.. y una espada vencida tranyendo el murmullo del olvido a mi vieja mesa descuartizada por el exilio.
Estoy muy lejos de todo lo que ha sido mi vida. Y sin embargo una sombra mueve el pomo de la puerta, el perro de la madrugada ladra tu ternura ensangrentada en mis pechos... y yo le doy huesos a los pájaros y carne a los lobos que se murieron dentro de tu alma.
No ha sido fácil. Los que estamos pegados al fuego, nos quemamos hasta la muerte y pagamos muy caro el beso y la lágrima. Alguien rasguña la pared cuando duermes abrazada a un esqueleto. Y las rosas del quebranto mueven bicicletas en la autopsia del vacío sobre el dolor de las hierbas.
Nadie nos dio nada. Lo que tuvimos, o lo robamos o nos lo prestó la luna. 
Yo fui mendiga a las puertas de un matadero, donde cruzaban viejos fascistas y carniceros. Que marcaron en mi piel el veneno de la paloma suicida.
Clamé en el desierto ebria de llamas, la hambruna de la tinta cuando se caían gigantes sobre mi cabeza y me hundía 100 metros bajo las tumbas.

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