HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mañana creo iré a la montaña con el nuevo tambor y otros dos instrumentos. Me he dado cuenta que da igual el lugar, porque hasta desde la más oscura prisión y cloaca, hay un acceso al infinito. La puerta está en el interior de nuestro éter. No sé, si hay una previo baile de muerte, ciclos de mariposa amnésica, tormento de la belleza de la mar y la penumbra. Accesos a hurtadillas de la luz y de la esperanza. Arrebatos que reviven en el inframundo los pájaros extraviados. Mezcolanzas en la fiebre de absenta, haciendo llagas y alimento de mar en la piel. Purgatorios. Jaurías y orgías, entre el verbo y el imposible. Cuando por los ojos nos caen gusanos en la sopa. Cuando volvemos a ver en el horizonte al fauno, su paraiso y su infierno, empujándonos más allá.  Cuando hemos recogido mil naufragios en un papel que quemamos sobre el agua. Y en el cuerpo el crímen y la absolución del amor nos da teclado de amanita y de inexistencia. Porque cumplimos e incumplimos todos los tratados. Porque perdimos la cabeza.. y nos hicimos cuerpos de serpiente en medio de ninguna parte. Porque el vino no sólo entró por vena, entró por sepultura. Y gozamos de otros cuerpos como animales y muertas. Porque frente al espejo, apretamos el gatillo.  Y alguna vez, cuando ya nada tenía sentido fuimos a buscarlo con las plantas venenosas al infierno. Fuimos metales y cenizas... la fragilidad de las algas y de los relojes de arena. No dijimos que no a ninguna tentación. Horadamos en la carne y en el éter todos los pecados y los templos. Fracasamos con tal potencia... que fuimos metamorfas del verbo de los desaparecidos. Creí con fiebre en todos mis sueños y pesadillas. Amé como aman los versos tachados.... y las madres que mueren con su hijo muerto en los brazos. Por amor.. tuve que robar lo que siempre me fue negado para llevárselo a la luna. Por amor...destruí mi rostro y muchos de mis futuros. Por amor dejé de amar. Volví como un colibrí al laberinto de la soledad. Todavia no hemos muerto. Algo se abre desde lo incognoscible y nos ata cuerdas de sangre de lobo y de neandertal, donde habrá otra vez que saltar al vacío y jamás arrepentirse.

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