HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto... todavía la luz es débil, casi la noche. No recuerdo lo que soñaba... algo de la piel del carnero.. estaba muy cansada anoche... se ha despertado en mí una resistencia... un grito, una vieja herida.... algo que sin querer vuelve a un hueco que cae.. aunque lo hace de otro modo, el piano que amaneció en tu casa rota ha seguido las señas de rocío cuando no podíamos abrir los ojos.
Todo está cubierto por la helada. Como si se hubiera detenido el rubor del campo en un infinito, atado por las cuerdas del hielo. 
No sé dónde empezó. Anoche toqué mucho rato la kalimba... hasta irme. Al apagar la luz todo mulló debajo de la tierra un sueño lejano. Yo me escurrí de forma inconsciente. Creo que por un rato dejó de importarme el mundo y la grieta, y el allá y el acá. Me hallé en medio de ninguna parte...  y volvió en mí ese nihilismo de techos abrazados por arañas sustrayendo sangre a las muñecas de barro.  No tengo mucha fe, para mí es algo metafórico. Y soy de vez en cuando atraida a la nada. Unas ganas de llorar secas en lo compacto de las nubes.. soltando cuerdas que encharcan pupilas detenidas al alba donde las hoces arremolinan cortezas que el ciprés cavó en tus papeles.
Ayer por un instante.. me vino otra vez el deseo de comer setas alucinógenas o plantas de esas que te meten en la placenta de la tierra y en los labios de las estrellas... de meterme otra vez en aquellos viajes... como si me doliera el corazón de no tener lo Imposible... luego pensé que tal vez no sería buena idea.

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