HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mi abuela me decía "todo lo raro te pasa a ti". A mí causaba mucha simpatía cuando me lo decía. Yo le contaba mis historias, como las ardillas y los pomelos. Y ella abría mucho los ojos para oirlas...Hoy me pasó algo muy raro. Subí a ese monte... hacía la tira de años que no iba por allí... y tenía el recuerdo de que se tardaba mucho más y era más cansado.. pero hoy estaba ansiosa y vehemente.. y caminé muy rápido sin pararme y sin cansarme,  era una senda muy hermosa, con escobas y arboladas, mucha humedad y el olor del tomillo que arde entre las nubes. Me metí una zona por medio de los pinos pensando que así podría atajar... era muy bello.. porque formaban un arco.. como un túnel de duendes, y aún son jóvenes no demasiado altos, las ramas a veces golpeaban mi cabeza. Y allí me sentí como un gnomo.. lo que pasa que luego la naturaleza era muy densa y no podíamos avanzar y tuvimos que tomar otra vez el otro camino. Cuando llegué arriba del todo... comí una mandarina para quitar la sed.  Y como tenía mucho tiempo aún de luz solar.. pensé meterme del todo al final de ese bosque.... y sentí algo muy mágico y poderoso allí... y en un instante recordé a Don Juan Matus... lo de ir en el abismo con confianza absoluta, y pensé mi viaje suicida al estramonio, y era rara confianza y salto al vacío y pensé que si atravesaba al bosque llegaría también a una especie de lugar de la yerba del diablo. Y al atravesar el bosque, pensé que no debia pensar ninguna palabra ni tener ningún sentimiento.. y fui por allí raramente y cantarina. Hasta que me vino un temor... abstracto, no era pánico sólo una inquietud, una sensación de peligro... y en ese momento el perro se quedó acechando algo que había dentro del bosque. Y empezó a ladrar de un modo que yo no le había oido nunca. Y estaba muy asustado reculó para atrás.. no quería ir allí. Y yo sentí también temor. Y seguí al perro... desandando el camino. El perro miraba para mí y esperaba a que lo alcanzara y luego seguía. Yo sentía que me estaba protegiendo y que debía seguir al perro. Y fui detrás del perro todo el rato.  Y recordé el pasaje que Don Juan hacía correr a Castaneda por el medio de la selva... y tuve la sensación de que la muerte seguía viniendo detrás de mí y del perro. Pero no estaba asustada del todo, era otra cosa, como un raro poema. Sentí que tardamos mucho más en bajar que en subir. Y cuando ya estabamos cerca del río, pensé que nunca sabré qué había allí que le causó tanto miedo al perro, que si hubiera seguido lo hubiera sabido, pero ahora no lo sé.  No me atreví a saberlo.

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