HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No creo en la arquitectura de la herida. Pero sí en la abrasión de la sombra. En esa atmósfera que cuando se ponen flacas las huellas, vuelve a astillar en el canto de los búfalos esa manera de tragar los tambores de la noche, mientras las muñecas de cartón drenan tu sangre donde acorralada gritas el ballet con los muertos.
Cuando he ido al amor, he ido intacta,  sin el peso de viejos cadáveres. Cuando he ido a la belleza he ido sin el buzón del infierno, ni las llagas encadenándome a un sótano de humo.
Y sin embargo las zozobras.. quitan algunos vasos de alcohol de la mesa y se los penetran donde la luna cae.  Y el paisaje se llena de aterrizajes forzados en el centro de la tormenta, agitando el hollín que lloran los niños cuando saltan del acantilado a la tierra robada. 
Yo no salí ilesa de nada a lo que fui con el corazón ni con el fuego. Y algo de aquél sangriento tango anida a veces en mi pecho pájaros del exilio. 
A la luna voy desnuda y desarmada. Pero sé que ya no voy así a la humanidad. Ya no voy así al amor.  El dolor se hizo literatura, la literatura me puso un disfraz y un caparazón que ya no se disuelve entre las personas. Ya no me son, manos en mis manos, ni el verso que espera al cruzar el callejón. Dejaron hiel en mi vagina y en mis labios, los hombres junto a los que jugué a tomar las estrellas. Abrieron el estigma del éxodo, todos los lugares a los que fui, a compartir el pan y el vino y la pobreza. Y menguaron en mi hueso, el mendrugo y el moho. Tal vez yo lo elegí en el verbo.... o lo eligió la noche deshuesada al perseguir la mar. También perdí mi inocencia y la fe en la gente. Alguna vez di lo que ni siquiera me alcanzaba para mí... a aquellos peregrinos con los que me cruzaba en medio de ninguna parte. Y cuando yo atravesé el desierto de la carencia me inundó el hielo. Me hice tal vez por eso, pétrea de los pentagramas de las tierras voladas por los aires.
Y empecé a sentirme, extranjera y rota, fuera de mi soledad. Violada del poema. Usurpada de la certeza de los ojos. Y me fui detrás de los grillos. Y cuando sonó una guitarra, ahí, ya no la distinguí del purgatorio.

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