HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No es un lamento. Es un verbo que cantó sobre la queimada. Es un lugar de partida, para esa partida de póker entre borrachos y mancos... con una estrella de fuego en la soledad de las postales ahogadas dentro del vaso. Tentando el pulso del sol cuando revienta.
Yo seguí mi corazón, cuando era un matojo de alambres y de fantasmas de la datura, y lo seguí por el infierno... porque sólo la locura tenía la llave para volver a traerlo a casa.
De camino perdí cien yoes... mis credenciales, mis motivos humanos, sociales.. y me hice del todo improductiva, versatil del aullido de luna y de ceniza.  Del amor, degollamos el muerto, lo vestimos de flores y de risas de mono, lo echamos a la mar y a las hogueras y nos quedamos sin nada, esperando que subiera la marea.
Todo fue del fuego y de la búsqueda de las alas rotas. 
Acá en la tierra sólo fui una payasa con tintes suicidas y de mermelada de piedra. Acá sólo hice ruido con maracas y con huesos afilados.  Perdí todos los trenes. Perdí la casa, la certeza y las ataduras. Amé estrepitosa y estúpidamente.... a lo que me amaba. Y todo era una oruga comiendo una hoja de tejo y un pianista loco saltando sobre los capós de los coches. 
Ahora estoy en medio de la nada, atrás no hay nada fiable y adelante tampoco. Todo flota en el fuego, no hay arriba ni hay abajo. No hay hijo que salvar. Lo que hay es de la semilla que aún no ha nacido. No es de nadie. Nunca será de nadie. Lo único que le debemos a la vida, es volvernos locos hasta ser un rayo perdiéndonos para siempre en el canto de la ballena. Todo lo otro es de la muerte.

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