HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No pienso en ningún futuro. Pienso en la escritura, en la música, en los poemas, en el monte, en el alma derramada en el centro de ninguna parte, la ternura de las libélulas... la crueldad del trigo, la tormenta, el cuchillo que viene hacia mi corazón y la magia de los sueños.  Todo lo otro me es extranjero y artificial. Me da igual el destino y el cuerpo de lo que escribo o de lo que canto y lloro. Eso son cosas del exterior que no tienen capacidad para conmoverme. El mundo social de la escritura, es un lugar árido y sin corazón. No me interesa nada de eso. Yo siempre viví en medio de la nada.  Soy feliz aquí... mirando los pinares... escuchando el rubor del exilio y de la sal del sol. No haciendo absolutamente nada funcional para las funciones. Tengo la fortuna de poder comer patatas, de tener un techo, de amar a la mar, de no servir a nadie ni para nada.  Elegí ya hace mucho el camino de la risa de los indigentes.  Lo único que le debo a la tierra, es plantar cientos de árboles y de plantas y cuidar a sus animales. Y a la humanidad, si me hubiera quedado allí, le debería un fusil junto a los zapatistas o los kurdos y la cabeza de un rey clavada en un palo.

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