HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No sigue siendo igual, pero lo que fue, pasta con los cuernos de los cancerberos el mismo beso del vino y de los sifones... que sobre tus hombros descolgaron aquella harina, cuando enloquecidos por sangre de serpiente quemamos en las paredes los rostros que gritaban las madres del espejo. Fuimos todas las piezas del ajedrez flotando en el aqueronte, con ese moho verde dando de comer al brujo que aguardaba el día que camináramos hacia la muerte como ella cuidaba de las flores en el callejón. Caí borracha. Perdí muchos juicios. Me sostuve por casualidad en tu carta suicida. Embargué en tu olvido el mío. Me aferré hechicera coja al corazón del ciervo entre tus piedras. Luego dejó de importar. Aquellas calles que te secaron de whisky las heridas. Las hice los pezones en mi herida de nacimiento. Empujé tu sombra donde la mía se revolvía de ruinas por parir un pájaro antes de que me trague la tierra que te cubre.

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