HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No tengo ancla... en ninguna de las rutas a las que arrojo mi latido. Siempre he funcionado al envés de la antagonia de la guitarra y del andrajo.  Caricaturizando en la gota de lava todo lo que creí saber. No soy disciplinada en ninguna de las disciplinas. Tampoco he tenido certezas que aguantaran hasta la siguiente luna llena. Y la duda ha roido con intensidad todo lo que sentí que era mío. He amado a Cioran y Sarte y Nietzschet, y a la vez, sentí con ciertos místicos una obsesión, como Hermann Hesse... y esa mezcla entre el nihilismo y lo extraordinario de Castaneda, o Huxley.....y el camino de los estados de conciencia y carne incendiada de Artaud.  Esas lecturas de mi adolescencia me embriagaron, todo me lo tomaba a pecho y con radicalismo. Y a la vez escribia mis propios enunciados... trataba de conservar en palabras... los viajes por los estados alterados de conciencia que hacía con la yerba. A los 18 años, entré en el ardimiento de todo lo que había sido, tuve una violenta metamorfosis... que me llevó a la sombra más fría, entre los grumos de la voz y el fango, evanescentes de lo insostenible. Y fue allí cuando la poesía era lo único posible. 
En aquella época pensaba que todo lo que saliera de cualquier humano, era imprescindible, porque al conocimiento se accedía desde una especie de inconsciente colectivo... Por eso todos los libros que yo leía entonces, sentía que sus palabras eran parte de mi víscera y yo absorvía todo como si yo lo hubiera escrito... . Y por eso cuando trataba con cualquier clase de persona, sentía que estaba hablando con una especie de espejo de llamas. Yo perdí mi forma.. Perdí mi nombre y mi voz y mi rostro, mi defensa personal de las ideas o de los principios o sentimientos, yo no tenía ninguno, era éter.... Tuve una desrrealización utópica y macabra, exarcerbada cada vez más.. por la yerba y por los aullidos de imposible. A todo esto, le llamaron durante unos años esquizofrenia. Pero era la metafísica llevada al límite. Yo interpretaba la percepción de la realidad, con metáforas. Yo vivía en una maldita metáfora. Muy dolorosa. Muy sangrienta. La armonía había salido volando por los aires... yo estaba siempre en la guerra contra las palabras. Y mi identidad era una hoguera y un cementerio. Por eso no podía relacionarme con nadie con el corazón, no podía tener ni amigos ni parejas... Había cruzado muchos umbrales peligrosos en estados más profundos de conciencia... Y había dejado las botas, el pan y el vino, en el centro de la locura.  Yo era asesinada por cualquier pupila que se posara en la mía. Y eso al cabo de un tiempo me causó una terrible angustia y necesidad de recuperar mi voz, y eso sólo lo hizo la poesía.

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