HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se me ha metido una música sangrienta. Donde mi célula-oceánica, es, a través del golpe, del tornillamiento de antagonias sobre la tempestad. Y nunca, en la afirmación de lo acumulativo y permisivo con el crimen de la otredad y su santuario de la misericordia. 
He ido detrás de ese rayo, alguna vez hasta el delirio. Ahora camino entre púas y flores de desierto, entre ocarinas y pututus, con cráneos neandertales recogiendo el corazón del tambor cuando llueve la noche en la carretera partida a la mitad.  Florece de tu insomnio, la rayadura del violín en el barro que apacigua tus cuchillos cuando en medio de la nada una postal ensangrenta las palabras que tiñes sobre el mármol, partido en mil cachos de dolor y de inmensidad, errante y advenedizo de todos los caminos de los otros, escudo y nahual del tuyo sobre lo incognoscible, masticado por el fuego de los insectos que espinan los secretos de la noche en tu mirada de algodón y cloroformo. Ya perdimos todas las partidas con esa mesa de brujos en el infierno, chupando de tu tripa cuerdas y guadañas que la luna en su misterio firmó con el infinito. Hoy sólo puedes abrir las manos, armarte con lo que no se puede abarcar y saltar al vacío, arriesgando tu cordura, tu cabeza, tu casa y tus significados.... sobre la serpiente que desde el agujero del cielo apostasió tus huesos dentro de tu carne.

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