HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tal vez venga la nieve. Todo está convulso. Enamorado. Gaseante. Vuelvo a tener ansias del conocimiento, la sensación de lo extraordinario, la sopresa y avalancha de los niños ante lo desconocido. El deseo de leer ciertos libros, de saber el nombre de esos hongos naranjas y de una "mala" hierba que creció por azar en un tiesto... y a la que yo siempre riego y le tengo mucho respeto de forma inefable. El deseo de leer sobre los aborígenes, la sensación de que en las hierbas y en aquellos ritos ancestrales, habia una comunicación con el espíritu... hoy enterrada bajo metáforas y la oscuridad de la historia y sus crímenes. Pero también las explosiones de luz y de nitroglicerina, el pensamiento colectivo, no accesible desde el pensamiento, la radiación, el misterio...  la secreta evolución y su sanguinaria toma de sacrificios y quién sabe qué.  
Vuelvo a liberar mi instinto. Vuelvo a tener tacto y ojos. Ese deseo primitivo de comer ciertas hierbas. Hoy senti la necesidad de comer cáscara de limón y me lavé con limón el rostro.. y ciertos lugares de mi piel. Me molesta el tabaco. Tengo que echarlo de mí y también el alcohol..sólo dejarlo para noches brujas............. me molesta la carne, los huevos, la leche... me molesta mi estupidez social, salirme de mi centro.... ser un títere de etanol..  ya no lo soporto, ya no quiero fingir, ya no quiero habitar el teatro... quiero decir que no quiero que el teatro me posea y expulsar a mi ser a un fuera de campo, no soporto la dualidad que antes alimenté durante años con la poesía.... Si hablas por hablar, pierdes la fuerza del espíritu.... Mi mayor problema es lo atado en lo social. Yo he cambiado fogosamente... en mi soledad. Temo ir a la ciudad... y que las inercias del teatro me debiliten o me hagan explotar y sacar los animalarios. Fue ese ambiente el que me hizo disfrazarme. Debo cambiar el ambiente manteniéndome pegada a mis lobos como aire olvidado. No sé qué piedra, que flor de loto, qué pasión, qué misterios aguardan boca abajo a un piano de noche. Allá... no están mis ermitañas. La percepción corré el peligro de ponerse paranoica y violenta y desorbitarme... Otra vez entré en una estado de guerra que me transformó como oscuridad de mandrágora.  La historia es el ritmo. El camino del Ser prometido como un buque y el más frágil de los pájaros en la voz y en el pecho. Ser, ebriamente, en cada segundo, no tengo tiempo para engañar a la muerte, no puedo permitirme bajar los ojos, ni acallar el candor... ni salas de espera, ni hastío, ni lo haré mañana. No volver a reposar el sueño de los muertos entre los humanos. No volver a bajar el nivel para estar a tono. No volver a manchar mis oidos... con lo ordinarios.

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