HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo ganas de los montes... de los amaneceres y anocheceres de allá. De estirar el soliloquio hasta el incendio del carbonífero de la rosa y la salvia. Todo es vagar. Abrirse de costado a costado... sobre un canto de viento que nos abraza desconocido y se aloja cubista donde las manos no abarcan ni el idioma compromete.
Los sentimientos se desarrollan entre hierbas y animales. Acumulando los collage del patio... cuando esos cementerios se llevaron la mitad de nuestra vida. Pero todavía los pájaros nos quisieron aquí, dictando el ojo de la luna en el barro.
Todo lo otro es goma de borrar, ilusión, atmósfera de la caja b del teatro. Estamos a punto de salir volando por los aires. No hay ningún control sobre la metafísica ni la huella. Mi naturaleza nunca supo hacer mapa ni planes. Nunca hice nada funcional ni efectivo en la sociedad. Nunca me interesó. Sólo busqué la música. Tal vez se me partió alguna vez en mil cachos dentro. Tal vez perdí la esperanza entre los humanos. Mi inocencia se llenó de escudos. Preferí caminar en dirección contraria a la multitud. Y se me olvidó reir junto a otras risas.. cuando tantas arañas salían de mi caja de pinturas.
Aunque ahora eso ya no importa. El camino hierve donde la mar grita. Nos empuja allí. La muerte está muy cerca, sujetando la evanescencia del imposible en la precariedad de la voz y la cicatriz de las alas caidas en las llagas de la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario