HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Toca la soledad. Lleva tocando mil siglos... cuando las nubes abren su solidez en una partitura que traerá el centro de la tierra a la quilla partida por el iceberg.
No vale de nada cansarse, ni repetir la rugosidad del robles entre los cráneos del cordero.
Apretarse a la navaja la libertad de la luna, el desconocimiento, el anacoluto que sigue a todas las frases. Besos de tornillo y maza, cuando del barro bebí tus muertos. Y tu vida era una impostura, llenándome de baratijas el infierno. Teatro en el desequilibrio, quimera, decorismo de interiores en la luz de la alcantarilla. Como casi todas las historias. Probar el laberinto volando con la yerba. Pastando pututus en medio de una muerte y media botella de ginebra. Luego secarse la piel de la serpiente cogiendo un tren que no era para nosotros. Sembrar la duda y el impago del alquiler. Embestir la insistencia de otra paradoja que nos deje a pachas con el olvido. Y así, podríamos escribir todoss los cuentos y ser el autor ahorcado por su libro.
Estamos muy lejos de todo.  Hablo con la muerte cuando pierdo el significado. Ella me lo clava como un huracán en medio de una borrachera de hombres con cuernos tragando ranas desde mi quebrado corazón.
No supimos andar el camino del cielo. Cada piedra, cada mueca de lo extraordinario, acabó pegando alaridos de muertos en la resonancia del tambor. Hay una grieta que aulla desde el fondo de la tierra y nos atormenta a todos. No puede haber paz. No puede existir el camino. Hay demasiados crímenes detrás y delante de la humanidad. Seguramente todos tenemos un antepasado asesino. Y llevamos alguna maldición del robo y violación a la vida. La propiedad privada, la usura, el dinero, lo asevera incandescemente en la lágrima de la luna. Los hambrientos a los que dejamos morir se pegan en nuestro pecho. Hay demasiados fusilados y brujas quemadas por europa. Los indios y los negros asesinados, nutren las flores que trairán la destrucción de las civilizaciones occidentales. En cada crucifijo... el cielo maldice a los curas y a las monjas...y su oscura y fascista legado. Una iglesia que durante siglos ha sido el crímen y el diablo y ha traicionado del todo a aquél cristo... no puede nunca osar el cielo, su mal esta enconclavado en cada una de sus piedras y le caerá multiplicadamente sobre sí misma.

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