HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todavía no he llegado del todo. Siempre me quedo flotando sobre la inestabilidad cuando llego al pueblo. La casa oculta muchas vibraciones que al principio se posan como una violencia efervescente. Como un amor olvidado. La soledad mueve de sitio las peonzas. Busca su pupitre, su caja de ceras, tu voz, en algún lugar que cubren las montañas y el frío. El beso verticalizado de los pianos que acamparon cuando te salías desbarrado de mi aquí. Tropa de fantasmas pasando frío apretujados por palabras de piedra... embriagando distancias que multiplicaba la noche cuando volvía desnuda a teñir de salmuera la soledad de los pasos hacia el infinito, hacia ninguna parte.

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