HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo es confuso... por eso ha vuelto la poesía. he cruzado un límite... que me embriaga del no mundo. Algo que me refleja en el charco evaporado de los suicidas salmones. Cuelga hacia tus labios, pétalos caidos que los libros acuchillaron en tu pecho como sepultos. Yo soy y no soy, respecto... a la lata abollada de cerveza que quedó en tu felpudo mandándote las últimas palabras de mi amor.
Me empapo al barro que ceden las casas abandonas y me uno a los muertos. Hallo en ellos un extraño regocijo de mi propia vida abierta en canal cuando la luna es roja. Tal vez tengo la misma mueca en mis ojos de silos cuando en la nada tus pozos regurgitan letras del mar sobre mis extremos. Yo no puedo tener nada mucho tiempo conmigo. No me dura ni la luz ni la oscuridad. No soy ya la coleccionista de cadáveres con restos de mi jugo corporal. Ni me amparo con el grito ni con el credo. Ni sé dejarte algo que vuelva mañana.
Soy la que vaga, con una chapisteria en la cicatriz de mi brazo. Sigo la música de mi locura y al doblar la esquina meo coñac con los perros. Huelo a perro y a tomillo. No tengo nada qué hacer cuando la gente se sienta en la mesa y habla del hacer.
No creo en la intelectualidad. Si miro mucho rato el cielo... empiezo a sentir gusanos subir por mis piernas.

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