HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo flota, se descobija en tu lágrima de escenario derruido, levantada por trompetas y por absenta, donde ninguno de los nos quedaremos con la palabra. Y al sombrajo... huella volada por los aires, nana en tu cuerpo abisal entrañándome el fin donde no se juntan los labios para guarecer ningún destino.
Y de los trapos sucios de la melancolía, 100 trenes dejando atrás el faro. Esos jabones de alga, donde uno se cansa de vivir y de conocer las estaciones. Y una armónica en los andenes cubriendo lo que desnudó la noche en la indefensión del grito.
Tantas horas buscando un verso que acompañe tu despedida donde jamás volveré. Con las cenizas en el pelo, hijas de la ruina. Soledades múltiplos de 7, 231 noches sin dormir ladeándote el olvido para nada.
Y ahora todo eso da igual. Hemos llegado con los harapos a cubrir el canto de los sapitos.  El vino lo bebimos con las piedras vencidas de las ciudades muertas y tocó su canción donde congelada me abracé a la fiebre de haberlo perdido todo.
Fueron mil y una desventuras creyendo que llegaríamos al sol. 
Hoy es ya muy tarde para pagar al cartero.

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