HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Voy entre lo desértico, chupando violines entre pozos y herrumbre.
No son de fiar mis percepciones ni los hechos, ni las palabras, ni el aquí ni el allá.
El vértigo de otro mundo en el interior de los chopos, mezclando la inexistencia y la eternidad, rozándome sin saberme, sin ninguna casa para mí, ni para el olvido.
La certeza de los gorriones balanceándose en las ramas invernadas. Y el desconocimiento de todo lo demás.
Ese hálito que congela mi corazón cuando abro los ojos en lo incognoscible.
La apertura de mil y un caminos, al tocar una piedra. La incapacidad a tomar ninguno.
La extravagancia del éter. El Sueño y sus cancerberos y sus buques... en la aprensión de las horquídeas, del beso de luna.
Puedo asegurar que estoy en medio de la nada y que la ninguna parte, está en todos los sitios.
Carezco de fe para creer. Cualquier creencia impone un suicidio y una trampa. Un puto camino de humo.
Incluso... creer en el amor. Es suponer y no cuestionar... las minas del rey salomón voladas en la hambruna.
Pero tampoco mi Razón me lleva a un lugar habitable y asible.

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