HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Voy a ir a ese pinar ahora... Todavía hay tres horas de luz. Y no sé qué de ese lugar que me inquieta y que me llama. Que el resto del tiempo se detenga. Que escriban los poemas los bosques. qie de tanto callarte en mi pecho vuelvas con la mar sin nosotros, sin pena, sin morada, sin nadie que apague las velas cuando el cierzo sierra inútiles horas en un papel vacío. Da igual escribir o hablar con los troncos. Sujetar en la mano, una cucaracha o un hijo... al borde del viento, la nada canta algo que no podemos comprender y nos vuelve ceniza y eternidad, en un vientre robado que amamantó el sueño y el abismo. Somos todas las guerras que las palabras empezaron. Y esos rubores que el sol succionó de nuestros ojos hacia la sinfonola de la sal y los hechizos. Lo incognoscible tiene lo que somos. Atrévete a mirar tu espanto como una alucinación que juega a matarte y bésale en la faz tus sepulturas. O qué se yo. Come setas desde los pozos. No te pares. No cedas nada a ninguna certeza ni sentido. No digas, sé, ni desconozco. Agárrate la bala y las estrellas. Adéntrate a ese lugar que tal vez nunca te deje volver. No traiciones ni temas la locura. Ni colecciones huesos ni canciones para ganar el favor de nada ni de nadie. Baila.

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