HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vuelven a bailar los locos que a la mitad son muertos... entre ese alpiste que me rompe las ventanas y me empuja a crujirme de huesos y de muerte, cuando veo un mosquito, y busco la leche de la virgen en tu respingado libro roto que andas cosiendo con mis gusanos, cuando no tenemos ni puta idea de lo qué es lo mejor para salvar el cielo, o al menos el piano del abismo.
Yo me dejo llevar. La locura es el único latido insobornable, sacro, amante, insoluto donde la carne amenaza con quitarte la vida.
Acá, el tiempo está dentro del hambre del caimán. Dale venados, dale tus piernas, dale una canción. No te hagas viejo queriendo evitarlo. No temas, cuando pierdas del todo el control. Si sigues, vivirás, un beso de la enana blanca para atravesar la niebla, y salvar al niño de los cráneos hundidos en el barro.
En tus ojos, las águilas, devoraron mi cordón umbilical. Yo no quería saberlo. Por eso te aparté fichas de ajedrez en esa pócima de estramonio. Estábamos demasiado locos para poder conservar entonces la memoria. Ahora estamos más locos, pero estamos medio muertos y por eso podemos caminar y tener ese brillo entre los ojos y el infierno. El radar telepático de los muertos, te envía semillas que has de tragar si quieres conservar la visión. No temas esos rostros carcomidos. No temas el cuchillo con el que quieren arrancarte la piel.. Eres tú. Tu corazón bombea entre esas tumbas, la flor y el animal que te ayudará a saltar y volver a la casa del sol.

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