HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya no cojo casi nunca el teléfono, ni leo los mensajes. Me sentiría una hipócrita si tuviera que hablar cuando no quiero hablar. Eso me debilitaría. Me volvería una jodida farsante. Y reiría, así, con esa mueca de plomo, tirándome etanol por los ojos y echando ratas por el viento. Ya no quiero eso. Ya no quiero ir a ningún lugar al que no haya elegido ir.  Ya no quiero romperme en mil cachos, por la urgencia del amor y de la guerra, antagónicas a la salamandra muerta en mis manos.

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