HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Yo no volví. Una vez que se siente y se ama aquél escalofrío. Nunca se vuelve. 
Sé que viví olvidándome de él. Oyéndolo y hablándolo sólo en la intimidad.... cuando caminaba sola, cuando estaba en la mar, cuando iba a dormir y todo estaba apagado. Era como un murmullo... pero el surrealismo y la oscuridad y euforia del vino, no lo querían en su voz. Ahora ha vuelto. Yo lo quiero con cada vocablo de mi alma. Aunque también lo temo. Temo que me lleve a un viaje incontrolable. Y a veces deseo que me lleve a un viaje incontrolable. Voy y vengo. Lo busco con la lágrima del desierto y con la flor de la mandrágora, y a veces cuando viene demasiado poderoso, lo aparto. Pero sé que se está mullendo en mí, despacio, de forma armónica... de forma en la que pueda vivir con su música, sin entrar en el volcán.  Otras veces, entré en él, en un tiro de un segundo, una poderosa explosión e insobornables sirenas de ulises... sin guías, sin retornos, un viaje mágico, peligroso, apoteósico. Ahora lo respeto con lo sagrado y con lo mundano. Sigo sus señales. Pero protejo a mi yo-humana. Otra vez, la destruí. Hay una forma de vivir entre los dos mundos. Hay muchas personas que lo hacen. En el mundo occidental y capitalista, de crucifijos y códigos de barras, las personas que despiertan al éter, a veces son encerradas en manicomios. Y los manicomios y sus drogas venenosas, hacen muy complicado... asimilar ese viaje, porque amputan y torturan psicólogicamente al candor, están regidos por almas secas y ciegas, policías y castradoras de lo que no comprenden. En otros lugares las personas que entran en esos viajes, son cuidadas y protegidas, incluso, amadas por saberlas portadoras de un don. 
Yo, aunque no lo sabía del todo, tenia miedo a la locura. Tenía miedo... a volver allí. Me hice nihilista. Para protegerme. Estos años me han dado fuerza.  Porque el poema actuó, como un tránsito entre ambos mundos. Yo vivía en el cuerpo del poema. Y mi vida fuera de él, era una teatro de humo y de fantasmas. Yo estaba obsesionada por el poema.. y sus puertas, tumbas y paraisos.  Era la única forma que encontré, para defender mi locura y mi vida. Para soportar el paso los suelos que estaban lejos de mi soledad.
Viví muchas destrucciones y renacimientos. Viví, a veces, bifurcada, como si mi energía y mis almas, fueran parches de amanita, en segmentos que hacían del todo. Yo tenía una memoria inmigrante, llena de agujeros de gusano. Porque una parte de mí, estaba desaparecida. Mi conciencia, había viajado por muchos lugares.. que entonces yo no sabía asimilar en la realidad ordinaria, ni en un sólo cuerpo, ni en mi vida. 
Me expliqué, esto, a través del concepto de múltiple identidad.. y con la metáfora, pude dar vida.. a todos los latidos que me acariciaban. Poco a poco, fue cuajándone un nexo. Al principio era casi invisible...  abstracto. Y mi pensamiento a veces lo convertía en doloroso. Hacía lugares de censura, de dolor, de abismo. El pensamiento siempre trae las cárceles. Porque somos algo mucho más allá y más acá de las palabras. 
Hoy sé que vivía, en una cárcel. Aunque siempre me entregué a mi guerra. Sé que tengo un haz a veces melancólico y derrotista. Pero tengo también un animal que nunca dice que no a la justicia y al cuchillo. Ese animal mató muchas criaturas de mí misma. Cuando vivía en el laberinto de las bifurcaciones y pedazos de espejos de ayahuasca y alaridos sordos. 
Ahora.. he vuelto a oir los tambores de mi casa. Algo me ha llamado... al reencuentro. He pensado que eso me ha llamado ahora, porque puede que ocurra algo terrible y quiere que me prepare.. o tal vez... porque cumplí los caminos del espíritu cuando iba por el fango y la deriva. O porque el destello de lo inefable ama, porque le pedí amor, al fondo del vacío. Porque la vida es extraordinaria. Porque nunca abandona a sus guerreros y duendes.

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