HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

A veces todavía creo que sus oidos recogen el dictado de la grieta de mi pared y el motivo del canto, cuando voy pisando latas abolladas de cerveza en los campanarios volados por dinamita de su réquiem del hambre. 
A veces tengo la ahogada certeza de que sólo él comprendería el chivo expiatorio de mi escritura, armado con semen de payaso y lágrima de viuda comiendo peyote al desvelo de la ley de gravedad.
Y es una atmósfera intravenosa y estúpida, como otra cualquiera, para desteñir en la sed de las página el redoble de la lejanía.

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