HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora la tarde. Esos timbres de madera quemada removiendo los saucos. Tu pupila incendiada donde desaparecen los reclamos de la sombra en ese camino que flota donde la ola rompe. La nostalgia de esas personas desaparecidas donde el amor agotaba la respiración del alba y el mármol abría la llamada del olvido. Yo no quería coger nada. No quería quedarme con nada, ni dolerlo en las yemas de mis dedos como el recien nacido pájaro. Escribí durante años la abrasión de esa pesadilla en el pomo de la puerta mezclando tu adiós con el nacimiento de la noche, en mis palabras borradas sobre el barro.

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