HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora voy al monte. Con ese vino derramado de las fotos en blanco y negro de los muertos que sangraron la misma lejanía del cielo que yo. Con los bártulos en el sombrero de plastilina, dando de comer a los sapitos. Las mil y una soledades, de la soledad desnuda frente al espejo, hablando con la parca de la belleza de los nenúfares. 
Cuando los osos bajan de la montaña. Y tú sólo quieres un pedacito de amor... para derretir las estatuas. Pero son tiempos de destrucción. Y el que mama no llora. El que mama se viste con cuernos y sale a cazar... la leche primitiva del grito de la locura. Buscando a dios en el infierno.

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