HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

al amor fuimos un hospital concertado
lleno de monjas que iban con el cristo llenándose de monedas para pagar al perro del aqueronte
al amor no fuimos, poema, ni morada, ni estación, ni amapola que sembrar
fuimos una cartera robada con tus huellas dactilares y un gramo de coca
fuimos el dolor cotizado en el 112 y tú borracho meando cristales en la espalda del suicidio del norte
usadas como una cubeta en el laboratorio de las ratas histriónicas del metalpunk
fuimos todos los desengaños de la vírgen maría cuando aprendió ciencia y biología y su pobre milagro, era un libro de segundamano que regalaban en el rastro si comprabas una cuchara de madera
fuimos la puta que desentrañó en su aborto la trampa de la blancura, cuando la tierra sólo gemía sangre
fuimos la violación en un tren mercancías.... tirando árboles-cadáver por los andenes para llorar los bisontes asesinados por el sucio hombre blanco
nunca me llegó la flor
del amor, sólo llegué tarde al crematorio
y el muerto, era también yo.

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