HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Anochece. Ese residuo de lima y plaza volada por los aires en tu parpadeo de tinta encerrada en cuadernos de grietas ha seguido sonando todo el tiempo. La escayola de mi habitación lame serpientes donde fadas el frío que se quedó impenetrable en el tango de tu pecho. Ayuda a caminar. No hay que darle vueltas. Vamos siempre con alguna sombra, un racimo del resplandor en las carnicerías despachando alcohol a sedientos contrabandistas que hicieron lo mismo que tú cuando la nieve acusó la casa desmantelada en ese retrato que yacía desnutrido en la pared.

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