HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer encontré en mi viejo email... una carta... que no sé bien a quién iba dirigida.. de aquella yo no guardaba los mensajes enviados.. y sólo de vez en cuando los copiaba y me los enviaba a mí misma, para luego recordar qué coño había dicho. Era hacia alguien que amaba. No reconocí la atmósfera abstracta de aquellos sentimientos ni había una línea definida que me pudiera decir quién era él, ni hallé pistas de él........ porque los sentimientos murieron, porque todas mis historias acabaron en la nada. Y en una parte, le escribía un sueño, donde habían aparecido caballos monstruosos y una casa en ruinas llena de trampas y escaleras vampíricas. Le decía "imagínate cuántas palabras he perdido y qué poca labia me queda para mostrarte mis sentimientos a través de sueños" Eso me hizo comprender... que mi punto de encaje... citando a Don Juan... estuvo en muchos lugares diferentes. El estramonio lo debió mover.... en un lugar peligroso. Aunque antes de eso, tuve muchas experiencias de percepción voluble y mutante.  Los caballos eran algo muy importante en mi viaje con la yerba del diablo. Ayer.. por la noche... al leerme a mí misma.... a la que yo era... desde los 18 hasta los 24 o 25, tuve un ataque de comprensión sobre algo que en mí estaba en un fuera de campo. Del todo enterrado. Porque estaba vivo desde otro estado de conciencia... donde mi mente era nitroglicerina, y mi corazón luchaba por expresar algo que era un salto al vacío del centro de la locura.  Acabé aquella carta, diciendo, si un día me encuentro, te escribiré el poema que nunca supe devolverte.  No era literaria mi perdición, era integral. Mi mente estaba en el fuego. Yo estuve posesisavamente LOCA, La yerba del diablo y otros lugares a los que accedí tentando el Imposible, me posicionó durante muchos años, en un lugar entre lo muerto y lo ebrio. Mi  mente durante algunos años... tenía instantes de lucidez... e instantes de ceniza y cementerios, náuseas metafísicas, visiones, ausencia y aullidos. Como con el viaje con la yerba del diablo.... había golpes que me metían en la alucinación (aunque  el estramonio jamás se siente como una alucinación el viaje te hace sentir que es completamente real) y golpes que me sacaban a la realidad ordinaria. Esos golpes se repitieron una centena de veces, en los 3 o 4 días que me duró el viaje. Y esos golpes... se dieron sobre mí, durante unos 5 años después desde otros comandos. Pero eran el mismo hilo del fuego de lo incognoscible.  En aquella época, aunque mi inteligencia fuera oblicua y estuviera cubierta por rayos y destrucciones, seguía viva en mí, aunque fuera desde un lugar antisocial y muy lejos de lo normal. Así que obligatoriamente tuve que aprender a disfrazarme. A disfrazarme de persona medio normal, a disfrazarme de mí misma. Yo tenía que fingir sentimientos y comportamientos que en mí no estaban pero que alguna vez estuvieron, porque en mí, había un volcán en erupción entre la nada y el suburbio.  Así qué decir hola al llegar un sitio, o interactuar emocionalmente con personas, aunque fuera con mi hermano y mi familia... me suponía un esfuerzo, una puesta en escena. Esa época fue muy desarraigada y dolorosa. Y a través de la ficción, conseguí regresar a un lugar paralelo desde el que me había ido volando por los aires. Ese fingimiento, volvió a adherir, en mí, una especie de atmósfera. Esa atmósfera poco a poco se dejó tocar por mi cuerpo.... Y me permitió hallar un lugar metafórico. Donde vivían mis divergentes mundos. Pero la yerba aún tenía algo pendiente en mi corazón. El trabajo de la memoria, de volver a adherir mis sentimientos y vivencias, a mí misma, fue muy largo y doloroso. Y el agujero negro que me habitaba de vez en cuando quería bailar... y esos bailes, eran los brotes psicóticos, mis brotes psicóticos, para mí eran la única verdadera cohesión en mis vivencias. Ya que ese disfraz que me había puesto, me hacía mucho daño. Y en mi locura, volvía a sacar a mi espíritu. Y él comprendía lo que vi en el estramonio, en mis sueños, en el fondo de los ríos de llamas. Pero mi locura era peligrosa... porque era una guerra dadaista.... y mi punto de encaje estaba también en un lugar que no era compatible con la humanidad ni con la tierra.  La locura fue también muy dolorosa, yo era kamikaze de ella y luchaba verticalmente hasta hacerme sangrar contra gigantes. Sufrí muchos golpes de la policía y de guardias de seguridad, de enfermeras y médicos, muchos tratos abusivos y nazis, que me hicieron ser cada vez más radical y más loca. Pero eso me llevó también a destruirme. Morí muchas veces.  Los últimos años de mi vida, han sido años de reencuentro, entre mi disfraz y mi corazón. En un amor a la vida. He curado a través de la escritura, y también del amor de K. los agujeros negros de mis neuronas y de mi pensamiento. He cosido, a través de los gritos del poema, de su rabia y de sus sueños, los lugares que se habían quemado a lo bonzo. He recuperado mis facultades mentales... aunque a veces aún sea poseida por Marte y el peyote.

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