HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Bajan las escaleras de arcilla, sobre la procesionaria nocturna de tus pinares de cristal alzando el réquiem donde el anhelo vino llenando de vino, cada huella de tu voz, en mi papel quemado.
La melancolía llegó en mi primera palabra, como puente infinito al poema y a la muerte. Vino conmigo desde el principio, mezclando sueños de dinamita con las hojas caidas del cedro. Vino llamando al amor, con el cadáver del amor congelado en mis brazos. Vino con viñedos de templos destruidos, para llevarme a la mar.

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