HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cantan unos cuervos. He abierto todas las ventanas...  me he quitado el abrigo... huele a primavera y a su licor sin ti. Todo es casi igual a cuando te amaba, pero sin el amor, sin ti, sin la nostalgia de haberte perdido, sin la necesidad de tu canción entre los precipicios y besos de pájaro. Los huecos crecen mientras la música va a acercándose al infinito. Nacimos de un hueco y volveremos al hueco. Mientras el vacío, va haciendo espirales en lo que no tenemos y dándonos la melodía y la pobreza. Las heridas en la tierra, tienen sus ciclos. Algunas se vuelven vanidosas al principio, nos llenan de cantos de violencia, de bailes de duendes psicóticos, de hambrunas y alcoholismo, de hedonismo de saltinbanquis en medio de los cementerios. De nostalgias del jóven Wherter contando las cuchillas del servicio. Lo cargamos todo encima como un cielo de plomo, nos hacemos delirantemente responsables del olvido y de las flores, verdugos y víctimas de sus pentagramas. Pero el camino nos desnuda y nos despoja. Y las viejas heridas se convierten en mariposas de lo Imposible y de la nada. Juegos de heroina y de naipes. Tierra removida en el vacio de tu mano. Porque nada se ha quedado. Ni el quebranto ni el amor. Ningún verso hizo teoría ni retorno. Nada hizo morada, ni oficio, ni mañana te estaré esperando. Sólo vamos hacia el Infinito y la posible destrucción de todo. Vaamos amando aalgo que no comprendemos ni podemos tocar ni hacer nuestro. Vamos con un ristra de suposiciones falsas de lo que creemos y tenemos. Haciendo desarreglos en el canto de los jabalíes que atormentan por justicia cósmica nuestras roidas paredes. Vamos profundamente solas, sin estar jamás solas, porque están llenas de almas y canciones, cada hierba, cada roca, cada mirada al horizonte. Algunas son del espanto y otras del paraiso. Y en el paraiso nadie sse puede quedar. Caminar es hundirse entre el infierno y los pájaros. Por una ley que no conocemos. Nos penetra, nos empuja. La conciencia está muy detrás de ella, donde no existe ningún pensamiento. Donde tal vez no haya llegado ningún humano.

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