HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Con él no jugué limpio.. quería decir sólo mil veces no, por los síes que le dije a otros. Quería el placer de pasiones prohibidas en el cinismo inquisidor que me envolvía el vino de un viejo luto ni llorado ni cerrado. Quería ser la cama negra de los que nunca duermen y envenenarlo con la viudedad de las mandrágoras, usar su corazón, como un poema proxeneta del aullido del infierno. En el fondo quería curar mis heridas sobre lobos hacia ninguna parte, ensañar la semántica del viejo amor en el péndulo de los callejones y los besos de rameras en los crematorios. Tenía dentro una bestia herida y hambrienta de mugre de flores prohibidas, contra la humanidad, contra el amor y sus ardides de muertos de hambre. 
Y fue un extranjero más, cuando ya nos marchábamos, cuando ya no quedaban ni poemas de amor, ni casas a las que regresar. Compartiendo vagabundias entre bailes de brujos y de impostores.
En mi corazón bombeaba el país de nunca jamás. Yo llevaba un cadáver entre mis brazos... bajo la atracción de un sur suicida. Cuando los tejados parían cuervos en tu desolación. Todo eso era la pasión del fango, buscando al cielo en cubos de basura.
Todo eso hizo mucho más compleja la maquinaria de mi ocultamiento y del disfraz cubriendo un corazón desaparecido.
Y podría haber seguido siendo 50 años más. Podría haber seguido en el banco de ese parque vendiendo chapas a la tormenta, en un bucle inagotable de cuadernos llenos de semen y sangre, fadando el quebranto de la luna. 
Por eso me fui, a otro lugar, mucho más vacío. Donde mi nombre era un ojo de cristal cayendo por las escaleras y succionando el cubismo de tus trenes descarrilados en mi ausencia. 
Ahora estoy sola. Mi soledad a veces me acusa recibos quemados en la mano del espantapájaros que lloraba la lejanía de la lluvia.
Mi complicidad está en el fondo oscuro de los versos. Y en la alegría de los perros que navegan la deriva. Mi distancia con la otredad es tan críptica y tiene tantas fechas derramadas en los suelos resquebrajados que te sujetaron la borrachera que ya no hay nada qué hacer entre la prosa ni en la sociedad. 
Cuando veo a un niño sonreirme en la calle, me pongo tan nostálgica de los dientes de león.. que se empapan de lágrimas los nudos de mi pelo y pierdo olas en la tumba de mi abuela. 
A veces busqué el amor, un grito colectivo de vino en la trinchera y en el desierto. Pero hace ya 15 años que es muy tarde para mí. Hay ciertos poemas que jamás te dejan volver.  Alguna vez cuando viajé en los caballos de fuego de la locura, mi ser se prometió a la antagonia. Y cada vez que traté de evitarlo sólo hallé muerte. 
No me siento igual a ningún igual.  Es a los poemas a lo que pertenece mi voz. Es a la mar, mi paso. Es a lo Imposible mi sentimiento.
Mi piel se rompe en cachos de cristal cuando rozo una piel que jura amarme.  Sólo en los ojos de los perros, hallo el reflejo de la humanidad de mis ojos.

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