HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Crujen los velámenes de barcos encayados en tu corazón de alcohol y pájaros furtivos. Yo soy también esa mirada de piedra, desde la playa, enterrándonos a los dos, en la humedad de los pinares que se secaron bajo los ojos de la resina de la luna.
Sé que no podré conservarlo a mi lado. La muerte nos agarra demasiado fuerte. El grito de lo desconocido, nos reclama, agujeros de lava entre las estrellas. Y vamos cantando hacia el abismo, vamos llorando gorriones, con la belleza como un hijo muerto entre nuestros brazos y el sueño del Imposible una rara trinchera de fragilidad y nitroglicerina, besada en nuestras pieles como huellas volcánicas en la distancia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario