HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

De la pértiga y del silente de barro.
De tu traje de madera convertido en sumidero de rocío en mi angustia.
Placenta de la nieve, cuando voy pisando cascos abollados de héroes del destierro... y suman alcoholes, en el vapor que lavo de mi ventana, como si corriera en tus labios, el dique y la oceanada impulsara la muerte del cisne.... con tu guitarra en mi colchón remando hacia el mundo que no ha nacido.
Yo fui hija de las sombras. Cuando nací huérfana en medio del camino de las ruinas, en busca de mi casa, hacia el lugar del que nadie volvió.
No tuve el beso ni la flor. Tuve una esquela invitando a barra libre... entre los malditos. 
Fransquestein, creció dulce en mi pecho. Cuando el barquero pedía sus monedas. No fui nunca bonita para nadie. Fui arista. Fui lo que no quiso tu madre para tu bien. Fui el destierro porque la mar me ató a sus mástiles.  Fui instrumento de loco percusionista. Y cuando jugué en el cabaret al amor de los hambrientos, fui billete de tren lleno de sangre. Muy lejos del lugar en el que creías que estaba respecto a ti, vivía mi alma, clandestina, en su motín. Mis semejantes fueron los cangrejos, los perros y las algas. El amor entre humanos, era zoofilia. Era crimen. Era vampirismo de un poema envenenado. Mi niña siempre lo supo, por eso me cubrí de corazas de luna e imposible. Ya no me lastima mi impenetrable distancia al género humano. Porque voy junto al carnaval. Porque la mar murmura mis motivos. Porque me absuelvo entre las llagas, porque me vivo, donde vuelan los caimanes.

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