HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un poco iré al monte. Con el soliloquio que me acompaña desde las espinas de los zarzales, a la espuma, al hueco crucificado de la paloma en una pregunta irresolubre cuando azotan adoquines la luz de las hogueras en el fuera de campo bajo el que sueño la palabra de la luna.
Mi vida es pura ficción reflejada en el pellejo de un tigre que hace un raro vudú en la selva. Mi distancia con los humanos... es la misma que con el cielo. Yo nací de los frutos ensilados del alcohol de los suburbios. Mi corazón espera detrás de otra muerte. La poesía tiene su propia ley en medio de la nada. Ella dicta lo que baña la gasolina en tus escombros cuando dices mi nombre a la alcantarilla que te paga el trago que le debes al insomnio para poder avanzar.
Sólo los ojos de mi madre, pueden romper el plomo que la noche me embriaga. Y entonces me vuelvo la fragilidad del éter, vestida de mendiga y de ratas, abrazando en mis brazos los nudos perdidos de Babel.

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