HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato me iré por ahí con el perro. Hay un mecanismo diferente de sentir y de pensar, en movimiento, sobretodo cerca de la naturaleza. Cuando se desapega del peso del latido, alguna necesidad que lo resalza y simplemente es, en su miseria y resplandor, en su totalidad mordisqueada por el innato cubismo.
Cada vez camino con menos peso, porque necesito menos objetos en la fórmula de mi deseo. Ya no busco el quién, ya no hago réquiems del espacio, ni del síndrome de la atmósfera en el hilar de la grieta. Tampoco padezco del mismo modo el ansia del poema, ni me requiero en el verbo con ese sanguíneo esqueleto cosido al fondo de tu escenario pariendo lluvia en raros armisticios de la pólvora y la cromática del cielo.
Y aún así, sé que algo todavía, se coloca sobre el vértigo, y hace pizarra y hacha de la duda.  Es la senda del sueño, que tal vez ha nacido melliza a la muerte.  Hallo música.. en la exarcerbante derrota de mi sombra entre la tripulación. Como diálogo de la mar con lo que dentro de ella expulsa lo que crees al nombrarla.
No participo en el lenguaje de los acuerdos. No comulgo la comunidad de la palabra, en el tira y afloja.. de lo que en el fondo ha nacido de la pura carencia.
Fue la carencia.. la que me metió en esas relaciones afectivas y pornos... del grito de la luna bajo lo que nació muerto entre mis brazos. Fue la necesidad de una trampa espacial para acallar a Franquestein en esos motines de la alcantarillo, donde osamos la rosa entre los muertos.  Hoy lo sé sin pena ni arista. Como pez con la memoria genética del eterno retorno entre los brazos de la enana blanca.

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