HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato saldré con el perro.  Ahora tomo un trago de cerveza. Hago la autopsia a un vendaje de etanol en el crímen de tus estatuas sobre las muñecas decapitadas de mi niñez. Y soy ismo de los fetiches de barro y petricor. De las bolas del rosario que no sabían ni sumar, ni dividir, de la suicida esperanza de la vieja que dejó clavado su ojo de cristal a la leche de mi fiebre. Intercambiando sed con el aroma presidiario de un tren de juguete. 
Somos surrealistas por imposición de la tragedia de la tumba. Porque no alcanzaba un sólo cuerpo.. a tentar lo incognoscible. Y de la humanidad, coleccionamos cubos de basura y caparazones de heridas exiliadas. Hachazos en la puerta, soledad embuchada en papel de calco enredando la marihuana en ritos de locos sin reloj de mano, sin libreta de notas. Y fue todo a follarse donde nadie estaba en la puerta, ni podía ser testigo ni prejuicio concruente con la ausencia.
Y el todo a la verga, de mis menos cuarto, con la mar por la cintura.
Saberme un extraterreste de tu sujeto y de tu esquela.
Inapropiada de la propiedad, del aquí, de tu porqué.
Sola, por natura, tomando de la sal, el canto de las olas.
Porquiosera del amor intravenoso de los muertosvivientes.  Sin jamás, recibo, ni premura en saberte ni irte. 
Porque nací atraida a los apestados, esculturas en piedra de poemas de humo.
Viuda con lluvia negra regando crisantemos. 
El oculto motivo de tu culpa... que jamás tendrá mi nombre, ni se recordará ni en tus cementerios ni en tus orillas.
Fui madre mercenaria... de tu cuchilla de afeitar... preñando en nubes rotas, mapas deconstruidos por la sangre del bolígrafo entre los ahogados.

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