HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un tiento, me voy con Kavka al río. He vuelto a escribir a mano en mis cuadernos, porque allí contengo mejor el escupitajo de mi yo de la censura. He sido muy críptica siempre a la hora de confesar mi daño. Desde niña... mentía con eso, trataba de fingir que mi quebranto era por otro motivo, cuando alguien preguntaba, y ese otro motivo de la ficción lo representaba con razones tan convincentes que ya no había dudas. Con el tiempo el mecanismo del caparazón también se asimiló a mi soliloquio. Y se quedó delegado únicamente a la atmósfera del poema. Dediqué muchos años a metaforfosear el objeto directo del cuchillo en mi cuerpo y a convertirlo en gas. Y el lenguaje de su sinestesia siguió bebiendo en mí la esdrujulidad y multiplidad de los enunciados sin sujeto. Sentia un profunda timidez y alergia cuando era niña a que alguien comprendiera los motivos de mis entrañas. Y desde entonces me dediqué al camuflaje. Los motivos de mi quebranto nunca son llanos. Nunca pertenecen a algo palpable de la hechura. Son metafóricos. Nacen de al menos dos vientres en guerra que paren un hijo bastardo en mi regazo lleno de hielo. Y yo trato de ser su madre... desde 8 úteros rizomáticos y bifurcantes. 
Siempre tuve la sensación de que mi grito estaba jodidamente entrelazado a algo mucho más allá de mí. A algo que sangraba en las venas de todos, de la muerte y del ballet, de la fiebre de las ratas y de los peces que volaban..  Yo crecí sola. Era antagónica a todos los amigos que tuve.  Y mi unión con las metáforas me separaba cada vez más, de la entrega a otros ojos. Por eso la sensación de desarraigo social, se hizo un motivo metafísico, un fuego, un horizonte. Se hizo mi casa, la despedida, la traición y el Teatro.

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