HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El camino... que por un lado, nunca me existió. Ahora es una ecuación de poemas... en la destrucción de un escenario formado por cubismo y por el desapego, en la desnudez derretida de una voz debajo del presidio y flotando sobre el faro.
Me voy junto a él, donde lo fronterizo que determina su existencia, es éter y son interrogantes del hueco de los tambores entre aquelarres y juegos de tiza borrada con sal en tu piel imposible.
La idea de lo sido en éste lugar... es un péndulo de branquias y hoces, de vino que ebulle en las cicatrices insomnes de tu guarida desmantelada.
Esa complejidad onírica, descubriendo y cubriendo el rostro... donde la mirada que la penetra, ya no es un umbral ni la continuidad afectiva de un eco. 
Allá, hay juegos de cajas de cartón.. comprimiendo el rubor de las gaviotas, donde entre la espada y la pared, tocas enloquecido el violín de la ausencia. Y el camino de retorno, ya no es respecto a una balanza espacial ni temporal. El entramado de la tripolaridad de esa lágrima y esa flor, impide, el tú a tú. La confidencialidad, depende del peyote. Y allá, un esqueleto de golondrina disfraza mi carne... cuando las peonzas ya han tomado el exilio.

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