HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El día.. muerde disyuntivas en crisálidas de pólen. Golpeo la ausencia en la fisura de un papel. Empujo mi vida a ese lugar sin eco, ni sombra del asfalto. Y allá, unos dibujos sobre cartón, el amor de un pájaro trasnochado, trenes de juguete sobre caminos de humo, sumergiendo el resguardo de tus sentimientos en el suicidio de los míos.
Lo más parecido es el camino de la escritura. Pero acá tampoco se sostiene en el hueco que le dio motivos para despedirse de allí e insistir en las cicatrices de mi piel sobre ese vapor. 
La lejanía ha removido todas las manecillas que te hablaban de las flores desde el desvelo del alcohol en mis habitaciones cerradas.
No es tristeza. En el cansacio de subir las escaleras inacabadas de un poema de amor en cuarentena sobra la sangre que dejaste en mi vestido cuando la luna nos pedía para ella.
Cambiar la perspectiva en la atracción del hundimiento sobre tus misas negras de cicuta en la lija de mi diario buscando el espíritu de los lobos en la nieve que congeló entre nuestros cuerpos para siempre al norte.

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