HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El olor de cera derretida, en ese hueco de mi memoria... desentrañando una falta desde el tiempo a ese carta que escurre alcohol en la esquina de mi mesa. Huele a tu cuerpo en esos estercoleros a los que escapaste de la luz del día, para no fallecer de manuscritos en tu piel frente a un espejo.
He olvidado algo importante y tengo que seguir con su pérdida clavando garras en mi lágrima de peyote cuando acechan las cumbres, cuerpos muertos de gaviota, y el fondo de tu vaso es la autopsia de mi sed en el contrabando de motivos que no llegaron vivos a mañana.
Y la nostalgia... en un puente volado con dinamida, drenando en mi suelo... el recorrido del ave. Con un corazón de heroina y de pared, quemando el lienzo que me regalaste aquél aniversario de las menos cuarto de la lápida, los dos tan juntos que era un asesinato quedarse.

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