HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El perro se puso a ladrar mirando por la ventana como si viera algo. Se bajó del sofá y pegó su cara al cristal y ladraba insistente. Yo no vi nada. Pero estaba hablando con una herida de fantasmas. Y por un segundo sentí que bajaba aquél grito oscuro por el camino y que el perro lo vio. Bajé con el perro al patio... y él correteó entre los gatos y las hierbas. Yo empecé a sentir mucho frío... Y una pena... de sentir tan rota la casa... todo tan dentro de la deriva bregando viejas noches entre hogueras abriendo huecos donde los magos se hunden en pozos que envia el sol.

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