HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El tictac de ese arena coagulada en el secano de los primitivos charcos evaporando sobre tu historia las zarpas de mis cicatrices... cuando se le cede a la música la destrucción de los hechos.
Tengo todos los abrigos llenos de barro. De rodar junto al perro, los fueros de tu olvido, juntarnos a dientes de león, y perder costumbres y paises... como lagartijas aprendiendo a bucear.
Con una vieja canción en la rendija de tu puerta, fumando el humo verde del faro en tus pinturas de salvia y de destierro.
El amor nos empuja a caminar a solas.
Ya no soy expaciente de los manicomios. Ni tu ex. Ni la que se rompió los labios en medio del vacío. O dejó ese palo navajeado en la tumba. Nada de lo que viví me ofreció una permanencia, ni en el cementerio, ni en el vicio. La locura fue flor y cuchillo. Nunca traicioné sus razones. Me hice atea por exceso de fe. Luego pegué en un álbum de cromos esperma de duende y alas de hachís y lo fumé encima de la nada. Todo lo tocó al final el fuego en su vehemencia infinita.  No fui la que me tomé la foto. No me quedé a verte partir entre el corazón de mis ruinas. Y también fui todos los burdeles del Joven Wherter. Ya no entro en las bibliotecas, ni en los museos. Prefiero hablar con los mosquitos del río.

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